Construido sobre una colina rocosa, a 156 metros sobre el nivel del mar, el Partenón era el punto central de la vida religiosa en la Acrópolis.
Escarpada e inaccesible desde todos los lados excepto desde el oeste, la colina había estado habitada desde el tercer milenio antes de Cristo, no solo por su fortificación natural sino también por el agua de manantial que fluye desde sus laderas. Durante el período micénico, el asentamiento creció y la Acrópolis se convirtió en un centro de poder. En el siglo VIII a.C., adquirió un carácter exclusivamente sagrado, con el establecimiento del culto a Atenea Polias.